Errores frecuentes — ¿Guión o Raya?

Hay errores que pueden transformar la revisión de cualquier texto en un campo minado.

La confusión entre guión y raya es uno de ellos.

Muchos escritores simplemente desconocen que se trata de signos gráficos diferentes con funciones ortográficas antagónicas.








Echemos un vistazo al asunto.




El guión


El guión (-) funciona de nexo entre dos o más palabras en ciertos compuestos (informe jurídico-político, colección primavera-verano, relación precio-calidad).

Más comúnmente, se emplea para separar palabras en sílabas. El uso más frecuente es el corte de una palabra en final de línea para terminarla en la línea siguiente.

En la mayoría de originales que reviso, sin embargo, suele usarse incorrectamente como sustituto de otro signo.



La raya de cuadratín


Empecemos diciendo que la raya de diálogo o raya de cuadratín (cuadratín es un espacio equivalente al ancho de la letra eme), es uno de los signos de puntuación de que dispone el idioma español, a diferencia del guión que únicamente es signo ortográfico.

Si no la encuentras en el teclado estándar, oprime Alt 0151 (recuerda activar el teclado numérico).

La raya se usa para delimitar un inciso dentro de una oración.

Por ejemplo:

Yamile —la cocinera—, y Kasem —el chófer del embajador—, le resultaban inestimables.
(Florencia Bonelli, Lo que dicen tus ojos)

Cruzó los pasillos dejando atrás el sonido de la música, el incansable murmullo de la gente, el humo de los cigarros, y el aroma —me¬dio repugnante ya— de las esencias que se quemaban en los pebeteros de la sala.
(Florencia Bonelli, Bodas de odio)

Este uso equivale al paréntesis.

El otro uso, de especial interés para los escritores de ficción, es el de indicar la intervención de interlocutores en un diálogo.

Analicemos dos ejemplos de diálogo extraídos de la novela Lo que dicen tus ojos, de Florencia Bonelli:



—Siento que su vuelo se haya retrasado —dijo el hombre en un francés mal
pronunciado, pero de impecable gramática—. Debe de estar cansada. Mi nombre es
Malik bin Kalem Mubarak. Desde ahora, su chófer y servidor. —Tomó el equipaje de
Francesca y agregó—: Debemos pasar por la oficina de acreditaciones. Serán sólo
unos minutos.


En este fragmento podemos observar el uso del punto después de la raya para cerrar la oración que incluye la intervención del hablante y el inciso con la acotación del narrador. A continuación prosigue el parlamento del personaje, pero esta vez el punto cierra antes de la siguiente raya de diálogo porque se considera que la oración está completa. De modo que el narrador abre con raya la nueva oración e inmediatamente después vuelve a ceder la palabra al hablante, esta vez con un verbo introductor y los dos puntos correspondientes. Repara en que los dos puntos siempre se colocan después de la raya de diálogo.



—Señorita —volvió a decir Malik—, no podrá entrar en la ciudad con este libro.
Es a causa de las imágenes humanas que contiene. El Sagrado Corán lo prohíbe.
«Empezamos bien», ironizó Francesca, y apretó los puños para no arrancarle
el libro de las manos. « ¡Retrógrados!».
—¿Es absolutamente necesario?
—preguntó, de mal modo.
—El Corán lo prohíbe, señorita —insistió Malik.


Las intervenciones de los personajes alternan en párrafos separados. El intercambio puede continuar en el mismo párrafo solo cuando media un narrador que separe a los hablantes.

Las comillas se utilizan en español como recurso para indicar pensamientos o apartes de los personajes. Más de una vez he observado en manuscritos de escritores hispanohablantes el uso de comillas para marcar las intervenciones directas de los personajes en el diálogo, tal vez por influencia de lecturas en inglés u otros idiomas en los que este uso es normal.

Otro caso que suelo ver con frecuencia es el uso del signo matemático menos (-) empleado en lugar de la raya de diálogo. Su uso debe limitarse a las operaciones aritméticas y a los números negativos en general.

El uso adecuado de la raya de diálogo nos ayuda a ordenar y clarificar la expresión directa de nuestros personajes. La regla de oro que reza que la puntuación de un narrador debe ser afilada como una aguja de plata, es particularmente oportuna en cuanto al tratamiento del diálogo. Es un aspecto que una aspirante a escritora profesional no debería darse el lujo de descuidar, pues se trata de una pieza fundamental en la caracterización de sus personajes.


Recursos:

Diccionario de dudas de la Rae

Servicio de Corrección de Estilo

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Publicado por Lilly Cantara

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