Divorcio en la Regencia: Un Suicidio Social


Quien haya leído al menos  un par de novelas históricas, se habrá dado cuenta que, con frecuencia,  tanto el héroe como la heroína amenaza con una separación, anulación o divorcio pero...

¿Qué ocurre realmente cuando un matrimonio de esta época se viene abajo?

Como lectoras/escritoras, no está de más diferenciar los datos que son reales y propios de la historia, de aquellos que están sujetos a la capacidad creativa de una autora, pues a pesar de que no se deben incluir los acontecimientos de manera forzada, tampoco podemos darnos el lujo de engañar al lector con datos históricos inexactos.

Antes de que pases a leer el artículo, te comento que la investigación está basada según mi conclusión personal acerca de las leyes británicas, por lo que toda sugerencia o mejora es bienvenida.


***

En la regencia, un matrimonio tenía muy pocas posibilidades de separarse y las opciones no eran tan abiertas como lo es para nosotros hoy en día.

Solo los más adinerados podían optar por la Ley del Parlamento.

Los elevados costos que demandaba este proceso, además calificado como lento y tedioso, solo era accesible para familias distinguidas y privilegiadas, cuyos apellidos al pronunciarse, hicieran temblar a toda Inglaterra.

Y una acusación de adulterio contra la mujer era motivo suficiente para el divorcio.

¿Se imaginan el escándalo y tormento que representaba para una mujer ser culpada de adulterio?

Sin duda alguna, las fieras chismosas de la Corte, afilarían sus dientes para despellejar a toda aquella mujer que fuera sometía a este tipo de juicios, fueran ciertos o no.   Una dama de la regencia conocía muy bien las graves consecuencias a las que se imponía si se revelaba contra el distinguido protocolo de ser una mujer «digna y respetable».

Cuando una pareja contraía matrimonio, la mujer pasaba a ser propiedad de su marido, incluyendo todas sus  dotes,  sin embargo,  la posesión más apetecida y de valor incalculabe concernía en: un útero sano que trajera al mundo al heredero.

Una mujer en aquel entonces tenían pocos derechos legales por no decir ninguno dentro de la sociedad y, la mayoría de los casos sobre divorcios, eran solicitados por el marido si descubría que esta le era infiel, mismo que debía ser aprobado mediante un juicio -con testigos- en The House of Lord.
Desconozco a ciencia cierta cuántos trámites de divorcio se llevaron a cabo en la regencia. Dentro de  mis averiguaciones descubrí dos criterios:  unas comentan que entre 1700 y 1857 los divorcios tramitados se aproximaban a los 276, mientras que otros se empeñan en confirmar que en realidad se efectuaron 314. Pero en donde todos están de acuerdo, es que únicamente cuatro divorcios fueron iniciados por una mujer. El primero en 1801.

Muy pocas esposas tuvieron éxito en la persecución del marido para demostrar  adulterio -a menos que haya sido traicionada por su propia hermana- o comprobar algún abuso físico o crueldad extrema; lo que si estaba claro era que, cuando una mujer se divorciaba, debía alejarse de la Corte, de todos los eventos de la Realeza y de sus hijos, ya que también perdía su custodia.

Algunos decretos de divorcio no permitían a la mujer casarse con su seductor y mucho menos presentar hijos legítimos del segundo matrimonio y por cuenta propia, los ex-maridos se aseguraban de no dar el apellido a un niño engendrado por el amante de su esposa porque, por Ley Inglés, todo niño nacido durante el matrimonio era  legítimo y podría reclamar títulos, tierras y otras herencias.

En pocas palabras, una fémina acusada de adulterio era sinónimo de suicidio social. Como le sucedió a Lady Holland, por ejemplo, que al cometer adulterio se divorció de su primer marido para casarse con Lord Holland y  tuvo que ceder su fortuna a su ex, Sir Godfrey Webster. 

 Lady Holland: Elizabeth Vassall nació en 1771 en Londres. Se casó con Sir Godfrey Webster en 1786, dedicando buena parte de la década de 1790 a viajar por Europa. En 1794 conoció en Nápoles a Lord Henry Fox, tercer Barón de Holland, con el que inició una relación amorosa de la que nació su hijo Charles Richard Fox. Al año siguiente de su divorcio con Webster por adulterio, se casó con Lord Henry Fox, pasando a ser, hasta su muerte, Lady Hollad.

También existía una opción mucho más barata y más común para una pareja atrapada en un matrimonio infeliz. Y esa era una separación eclesiástica. El inconveniente de la separación radicaba en la imposibilidad de volver a casarse.

Si un divorcio era un proceso bastante engorroso, una anulación tampoco era sencillo de  obtener.

Sólo había tres causas aceptables para anular un matrimonio:
1- El Fraude
El fraude podía adoptar dos formas:
  • Nombres ficticios:
Si un participante en la boda utiliza un nombre ficticio,  o deja de lado uno o más nombres o títulos a su nombre, el matrimonio podría ser anulado. No obstante, si el obispo que los casó determina que el problema fue un error involuntario, procedían a corregir el registro y denegaban la anulación.
  •  Promesas sin cumplir:
Si el novio prometía albergar a la novia en una finca particular, pero que vendió a escondidas, o el padre de la novia promete una dote que ya no posee, el matrimonio era anulado sin contemplación.

2- La Incompetencia

Nadie puede firmar un contrato si es incompetente bajo la ley y las dos causas más comunes de incapacidad eran:
  •  Ser menor de edad:
Una persona debe tener 21 años para entrar en un contrato legal. Si cualquiera de las partes era menor de 21 años y no tenía el consentimiento de su padre o tutor legal, el contrato era nulo y sin efecto.
El problema aquí radicaba en la novia: si era una menor nunca recuperaría su reputación.
Muchas jovencitas se fugaron para casarse con el amor de su vida -aunque estos no tuviera nada que ofrecerle-. Los padres de las mimas, se veían obigados en aceptar el matrimonio con resignación, pues con un escándalo de este tipo, la novia quedaría manchada de por vida y  no conseguiría un nuevo marido.
  •  Locura: 
Una vez que una persona se demuestre legalmente demente pierde el control de sus bienes. No obstante, los títulos seguirán siendo suyos, pero un tutor será asignado para velar por sus intereses.
Los pocos casos llevados a juicio fueron solicitados por el hombre con el propósito de deshacerse de una esposa no deseada o bien, por los familiares de esta que codiciaban poseer el control de toda su fortuna.
Por el contrario, las mujeres preferían callar este tipo de situación antes de denunciar a un marido demente.
Una cirscunstancia de estas, no solo afectaría su reputación, además, la culpabilidad recaía sobre toda su familia y esta última, jamás permitíría que su apellido fuera pisoteado.

3- La Impotencia

No consumación no es motivo para la anulación y es utilizado erróneamente en muchas novelas.

Para demostrar la impotencia, primero debe compartir la cama  con su esposa -en exlusiva- por tres años, y luego demostrar que esta sigue siendo virgen.

En segundo lugar, tiene que demostrar que es incapaz de lograr una erección con cualquier mujer.

¿Con cualquier mujer?

Sí, esto se hace mediante el favor de dos destacadas cortesanas que el tribunal encuentre disponible. Y si en efecto, no sucede nada, se le descarta impotente y se rompe el contrato nupcial.

En un artículo adicional que leí, exponen otra posible situación de un matrimonio anulable. Esta se presenta  cuando las dos partes están muy relacionadas por sangre o matrimonio. Por ejemplo, un hombre casarse con su cuñada.

Aunque no es técnicamente ilegal, uno de los hermanos de Jane Austen se casó con la hermana de su difunta esposa. Si el miembro del clero no sabía de su relación, o simplemente no le importó, nunca lo sabremos, pero se casaron con todas las de la ley.
Ahora bien, no está de más comentar que cualquier matrimonio anulado, indistintamente sea cual sea la causa, los hijos nacidos de estos serán señalados como bastardos.

Hasta que la muerte los separe: no era una amenaza vacía en aquel entonces.

Por fortuna, sabemos que nuestras heroínas siempre encontrarán sus felices para siempre, sin importar lo que tengan que pasar ni a quién tengan que retar para llegar allí. Siempre dispuestas a todo, al igual que nuestros valientes caballeros.
Y bien ¿Qué les pareció el artículo? Notaron que el tema posee suficientes aristas clave para escribir una trama -o subtrama- brillante.
¡Yo anoté las mías para la próxima historia!


Una sátira de "Esposa en Venta" del año 1820
Ritual entre las clases pobres, quienes no podían obtener
el divorcio parlamentario, lo que permitía volver a casarse.
¿Observan los cuernos?
Fuentes:



¡Nos leemos pronto!
Sianny Mckay
Columnista Escribe Romántica
www.siannymckay.com

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Publicado por Sianny

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2 comentarios:

  1. Muchas gracias, muy bueno u aclaró alguna de mis dudas sobre el matrimonio en esa época :)

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  2. Hola Inna
    Me alegra mucho que lel artículo te haya sido útil :)

    Un beso enorme

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